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Las desgracias del cine español

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Llevamos ya muchos años a vueltas con el mismo tema: ¿cine subvencionado o privado? Y de ser así, ¿para quien serán las ayudas?, ¿cómo montamos una industria privada? Años y años y las mismas críticas, se haga lo que se haga, siempre nos parece mal.

Analicemos el problema, el cine está de capa caída, y no sólo el de aquí… El del mundo entero, sino ¿a cuento de qué viene sacar del baúl de los recuerdos el cine en 3D? El mundo de la cultura compite, no sólo en ámbitos o géneros, compite por ver quién expande su cultura más lejos y con mejores resultados.

Yo creo que si el cine se subvenciona, tiene que ser porque realmente aporte algo de valor a la sociedad, no sólo diversión y entretenimiento, para eso nos sobra con la oferta privada. Desde el Estado, nos hablan de valores, de convergencia de civilizaciones, etc… Todo esto es muy bonito, muy inocente, muy onírico. El cine es un escaparate al mundo, pensemos qué es lo que queremos que recuerden de nosotros. Subvencionemos cine reflexivo, consciente, social y marginal. Demos voz a los que no la tienen. Contemos todas las historias, demos verdaderas oportunidades. Eso sí, pensemos entonces, a quién debemos ayudar: ¿grandes productoras, productoras independientes, cines, distribuidoras, artistas? Pensemos también, ¿toda ayuda debe considerarse una pérdida total? ¿Acaso no podríamos quedarnos todos, y todas, con los derechos de lo que entre todos, y todas, hemos pagado?

A nadie le parece justo que sólamente unos pocos saquen beneficio de lo que hemos pagado los demás ciudadanos. De hecho, nuestros gobernantes, y sus lobbys, deberían comenzar a plantearse, que en esta época de crisis financiera, energética, globalizada y las etiquetas que cada quien quiera ponerle; resulta imprescindible comenzar a pensar en el significado de “malvender nuestro país, estado, nación de naciones”… Cualquier persona, con dos dedos de frente, puede hacer una lista de prioridades: salud, trabajo, vivienda, alimento, seguridad… Afecto. No creo que nadie ponga como prioridad: recibir el mayor número de visitas posible en su hogar, ¿o sí?

El cine no deja de ser un espejo de nuestra realidad social, compleja, diversificada y estratificada. Hasta no hace mucho, era un lujo, un derroche, otra forma de obstentación y pese a ello, siempre han existido talentos que se han conseguido abrir paso y regalar su genialidad al mundo. Quizás, estemos cansadas de mirar las mismas perspectivas, historias y pensamientos… Quizás, estemos aburridos de ser espectadores… Quizás, hemos decubierto otras formas de conocer el mundo… Quizás, y sólo quizás, estos sean motivos por los que ahora, ya no vamos tanto al cine, o a lo mejor es que volvemos a verlo como un lujo, que sólo se pueden permitir unos cuantos.

Algunas cuestiones

Hola, Xoana:
Aunque hablas concretamente del mundo del cine, creo que las reflexiones y las soluciones deberían servir para otros ámbitos en los que se entrecuzan la industria y el negocio, la cultura y el conocimiento, la ideología y el partidismo, la política y el gobierno.
Del mismo modo se podría hablar de la investigación básica, la investigación aplicada, las artes de todo tipo, los museos, ciertos deportes, etc.
¿Cómo evitar que desde el gobierno se haga partidismo y se beneficie o perjudique a ciertas personas y concepciones de la cultura o el conocimiento?
Indudablemente, gran parte del problema se deriva de la calidad del gobierno. En nuestras circunstancias actuales de nada sirven las experanzas: de donde no hay no se puede quitar. En mejores circunstancias, algo se podría conseguir con el control independiente. Nuestra propuesta.