Enviado por Juan (no verificado) el Lun, 30/11/2009 - 11:59.
Vivimos tiempos históricos. Hoy en día cualquier banalidad es un “acontecimiento histórico de este planeta”. Pero es muy cierto que nuestros tiempos quedarán registrados y resaltados en la historia... de la estupidez extrema (obsérvese el uso correcto aunque infrecuente de la “extremidad” y mi inquebrantable fe en la condición humana).
Y esta es precisamente una parte importante del problema, porque tiene que ver con el sistema utilizado para procesar información, que no es el neuronal sino el hormonal. No está de moda pensar, razonar, argumentar... sino expresar emociones incontenidas y exacerbadas. Por eso el idioma no se utiliza como vehículo para la comunicación, sino como herramienta para extorsionar, coaccionar y manipular.
El lenguaje como fetiche tiene ese componente mágico que los charlatanes explotan para estafar a los incautos, donde importa más el cómo o el quién dice que lo que se dice. Se difunden eslóganes de simplicidad extrema para no dificultar su procesamiento con las hormonas, porque con las neuronas no resisten el más somero análisis.
Los cortesanos del Gran Rodríguez repiten machaconamente sus consignas, empeñados en doblegar el lenguaje para que sirva a sus propósitos tan inconfesables como evidentes para cualquiera que use sus neuronas y hormonas con un mínimo de propiedad. Así se establecen binomios como "globalización-caca", "
calentamiento global-piligro", "renovables-güai", "nucleares-no, gracias", etc. Cuando los eslóganes son particularmente indigestos se dicta una ley, se titula con el eslogan y se encomienda a los "medios independientes" su difusión y defensa. Así se ha promulgado una ley de violencia de "género" (El género, en nuestro idioma, es un rasgo gramatical, no lo que dicen los anglosajones y los funcionalmente analfabetos). El tema es serio, pero el género es el bobo (o zote).
Ahora, al empaquetado de residuos de una "diarrea de ideas" le llaman "economía sostenible" con el grandilocuente propósito de renovar el
modelo productivo nacional. Y, siendo realistas, hay que reconocer que lo conseguirán. Pero renovar no es mejorar; para esto, es necesario tener conocimientos y capacidad, además de realizar un mínimo esfuerzo de elaboración. Todo esto sería muy difícil de conseguir para este gobierno. Tampoco serían capaces de reconocerlo caso de encontrarlo. Sino, repararían en que el par forma un oxímoron, ni existe ni puede existir una economía sostenible. Es una pueril fantasía quimérica, un movimiento perpetuo de lo económico que persigue engatusar a incautos y creyentes. Porque de hecho, el concepto de economía es el de conseguir ir tirando. A expensas del vecino, inevitablemente. Y de sus hijos. La maestría del actual gobierno es que no se contenta con arruinar el país, ya está consiguiendo endeudar a nuestros nietos. Que se van a acordar mucho de sus padres y abuelos. Todo sea por la economía. Todo, por seguir tirando.