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Disuadir del consumo del alcohol y el tabaco es de izquierdas.
— José Luís Rodríguez Zapatero

Por qué no nos presentamos (Vocal’s cut)

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Alguien dijo que son la fiesta de la democracia. Para tener lugar cada cuatro años, ya pueden ser una buena fiesta. Últimamente no suelen serlo. Hace ocho años fueron bien tristes, con regusto amargo y persistente. Las próximas, anormalmente convocadas con meses de antelación, han dejado desde entonces un país huérfano de mandatarios, si no lo estaba ya. Así el estado se ha dejado en las manos sin escrúpulos de gandules, oportunistas, golfos y facinerosos. En una cruenta guerra por la supervivencia, ciertos mentecatos se han quedado en la cuneta (aunque algunos en mansiones), otros aguardan en silencio confiando en pasar desapercibidos mientras esperan su oportunidad, otros se desgañitan como verracos y excepcional es el que no miente u oculta.

Los resultados de las próximas elecciones no deberían sorprender a quien no sea ingenuo. En cierta forma son como una partida con las cartas marcadas. Las próximas elecciones presuntamente democráticas son una farsa, una burla a la decencia y un agravio a los ciudadanos acreedores de su derecho a votar. Como viene siendo abominable costumbre, perturban el proceso electoral indeseables elementos espurios, operando desde la indignidad sin ética, manipulando y extorsionando la opinión ciudadana, en el mejor de los casos desinformadamente confusa y completamente desnortada.

El promedio de orates y delincuentes en las listas de candidatos es muy superior a la media nacional, casi bananero. Y los infames partidos responsables de la catástrofe enmiendan la ley para dificultar la presencia de competidores, expulsándolos de una campaña que, a buen seguro, nos deparará aún desagradables sorpresas.

He aquí algunos de los motivos por los que no concurrimos a las próximas elecciones.

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