Es evidente que una porción destacable de ciudadanos con derecho a voto, o son inconformistas, o están desencantados.
Esto no tiene que ver con el sentido de sus posiciones morales o ideológicas, que pueden ser diferentes, sino conque no encuentran un cauce adecuado para la expresión política de sus inquietudes e intereses.
En resumen, sus puntos de vista no encajan bien en los marcos ideológicos o programáticos propuestos por los partidos convencionales.
Consecuentemente, llegado el momento de votar, optan a regañadientes entre alternativas que no les convencen y, en muchos casos, deciden no votar.